martes, 6 de septiembre de 2011

EL HOMBRE, CREADOR DE MITOS



Desde los comienzos de la humanidad, todas las civilizaciones han sufrido la necesidad de crear sus propias religiones, mitos y leyendas las cuales, han sido utilizadas para dar respuestas a los enigmas que el hombre ha encontrado en la existencia de la vida. Ya desde la prehistoria la condición humana ha dado una importancia suprema a la adoración de los animales y demás elementos proporcionados por la naturaleza que  facilitaban la subsistencia. Estos mitos carecen de una solidez real o al menos no atienden a un pragmatismo que conecte con la realidad. Es por ello que la ilimitada  entelequia del ser humano le ha llevado a crear  divinidades para dar respuesta a todas estas cuestiones.

Olimpo de los dioses
Estos mitos creados por el hombre han condicionado en todas las culturas sus costumbres, historia, pensamientos y comportamientos sociales, más en algunas civilizaciones, el hombre ha creado dioses a su imagen y semejanza como es el caso de la mitología griega basada en seres inmortales de naturaleza divina y semidivina que compartían victorias, venganzas y amores con el resto de los mortales, historias todavía presentes en nuestra sociedad a través del arte y la literatura.

Un mismo dios en lugares diferentes, aun conservando  la misma esencia,  podía tener características diferentes o distintas versiones de sus hazañas, esto es debido al hecho que los dioses sufrían al igual que el hombre y su sociedad una evolución en el tiempo. El mundo clásico ha proporcionado una indudable herencia a las sociedades occidentales y queda patente en aspectos tan importantes como la justicia y la política. Si a Grecia le debemos la cuna de la democracia, a Roma se le atribuye el concepto del derecho tal y como hoy se sigue entendiendo y aplicando.

 LOS MITOS GRIEGOS

Diosa Astarté
La formación de la mitología griega fue un proceso lento que evolucionó a medida que lo hacía la sociedad desde los estados más primitivos. Las primeras divinidades fueron las relacionadas con la fertilidad, las protectores de la vegetación, de las cosechas, la diosa madre tierra y en particular una serie de diosas relacionadas con la agricultura.

Para los griegos, dioses y hombres habían sido creados por igual en el sentido de que el mundo era igual para todos, sólo que los dioses existirían siempre, mientras que el hombre tenía una vida finita y limitada. En la cultura griega, a diferencia de la egipcia, la vida del más allá no era motivo de preocupación, aunque personajes como Herodoto, consideraba que parte del panteón heleno podía tener influencia de los dioses de la civilización del  Nilo. Las relaciones entre los pueblos del Oriente Próximo siempre existieron lo que hace posible que se influenciasen mutuamente y que no pueda hablarse de una mitología totalmente original. Es indudable que la diosa Afrodita griega tenía su antecedente en la diosa fenicia Astarté, diosa del amor, fecundidad y la belleza.

La relación de los griegos con sus dioses era la de establecer una amistad con ellos, de tenerlos de su parte, puesto que eran conscientes de que regían su destino. Sin duda,  podríamos decir que marcaban las pautas de comportamiento de una sociedad que temía el castigo divino si se comportaba mal.
No existía una organización religiosa oficial, los dioses tenían una significación política.
Las ciudades- estado griegas tenían a su dios particular o a un grupo de dioses a los que rendían culto en los numerosos y hermosos templos, además de existir lugares sagrados para todo el país como es el caso de Delfos, sede del célebre oráculo. Delfos estaba dedicado al dios Apolo y gentes de toda Grecia confluían allí para preguntar sobre su futuro.

Dios Zeus
También en las casas particulares se rendía culto a ciertos dioses protectores. Era común que hubiera un altar a Zeus en los patios de las casas o que Hestia, la diosa del hogar, tuviera sus ritos y sus devociones que se oficiaban en el interior de la casa. A los dioses se les dirigían oraciones y se les ofrecían sacrificios, generalmente animales domésticos que eran degollados y cuya sangre se recogía en un recipiente, al tiempo que los sacerdotes examinaban las vísceras del animal para saber si el sacrificio era grato al dios.

Los templos eran las moradas de los dioses, los sacrificios se efectuaban en un altar situado fuera del templo, y una vez confirmado que era aceptado por el dios, se quemaba la grasa del animal junto con hierbas aromáticas, para que el humo llegase hasta el dios y se sintiese satisfecho y complacido. Los dioses sólo necesitaban olores y perfumes, por lo que su naturaleza sería inmortal al no estar sujetos a las necesidades de la carne.

Para los griegos los dioses, el mundo y los humanos habían sido creados al mismo tiempo, habitaban en el monte Olimpo, en familias divinas que compartían con los humanos comportamientos, actitudes, defectos y virtudes. Así pues no había un solo dios, sino muchos dioses, emparentados entre sí,  pero sí había un dios superior a todos los demás, y era Zeus. La mitología griega se preguntaba cuál era el origen del mundo y qué había existido antes que nada, antes que los propios dioses y su respuesta era el Caos.

En los primeros tiempos de un universo desorganizado, las deidades establecieron terribles luchas entre sí por hacerse con el dominio del mundo, en este caso nos encontramos con una lucha inicial entre Urano, que representa el Cielo y su hijo Cronos, que representa el Tiempo. Más tarde será el hijo de éste, Zeus, quien batalle con él hasta resultar el vencedor.

Sin lugar a dudas, el desarrollo de Grecia y Roma, así como la importancia de su legado, no hubieran sido los mismos sin los mitos que crearon ya que fueron determinante para su crecimiento.

Autor/as

Luz Ramírez
Fuentes: "Mitología Griega"  Ediciones Albor
Modulo de Agentes de Desarrollo Turístico -Castilleja de Guzmán 

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